Para mantener la continuidad les dice: Y por mucho tiempo no pasa nada.
Le encanta encontrarse esta frase en medio de las historias por que sabe que esto no es sino una mentira para cubrir lo que no se cuenta.
Vamos, ¿cómo no va a pasar nada?
El día empieza faltando cuarenta y cinco minutos para terminar la jornada cuando un tremendo ruido entra hasta lo más profundo del oído y pincha el cerebro cada cinco segundos. La alarma de incendios.
La sorprende haciendo algo que no viene en la descripción de su puesto, algo que desprecia, pero que esta implícito: ella debe resolverlo. Quien envío qué, con copia a quien y por qué no se ha hecho efectivo. Un historial de correos que llega a su fin con un correo que comienza diciendo: Debido a una oportunidad en (…)
Este es el lugar donde error se llama oportunidad también.
La alarma suena inoportuna. Se ha quedado a la mitad y no quiera hacer más nada que dispararse a las seis, a tiempo para un plato de cereal crujiente.
Los empleados salen de los más inimaginables cubículos, dejan sus computadoras encendidas y se lanzan miradas de pánico y terror ¿Es de verdad? Cargan con su bolso y abrigos ¿Debemos irnos? Lo hacen dejando todo lo que adorna sus lugares: los reconocimientos, las colecciones (de postales, de llaveros) y las fotos (familiares y de viajes) que al menos una vez los han hecho desistir de renunciar.
Los que quedan adentro, que son pocos, piensan que es una farsa, pongámosle un nombre: simulacro, al menos así fue la última vez. Ella se ha sentado en el escritorio de su jefe, que ha permanecido en su lugar, donde se ve el pasillo repleto y al llegar a las escaleras hacen una fila. ¡Vámonos!¡Sálganse! les dicen desde allí.
En la ventana del segundo piso se ve el montón de gente afuera del edificio, los que quedan adentro se ríen pensando en lo exagerados son. De seguro sólo están buscando algo de emoción para sus vidas. Su jefe se ríe. Sabe que es afortunada de tener un jefe que entienda sus chistes porque algunos que están a su lado viendo por la ventana se dieron media vuelta y otros lo tomaron en serio.
Cuando se vuelve una orden dirigirse al punto de reunión se encuentran en la calle con el resto de los empleados. En un encuentro extraño. Entre muchos han pasado días de no verse, incluso llega a descubrir personas que nunca ha visto en su vida, pero ciertamente a todos les acompaña ese color característico que deja la exposición de ocho horas frente al monitor, los labios emblanquecidos y el rostro con brillos fosforescentes.
Se acerca una chica de ojos tan separados como sólo un reptil y ella los podrían tener para decirle de haber sabido de tal situación no hubiera usado zapatos negros con pantalones verdes. Es como una fiesta de las que ibas en la prepa. Hace frío y llueve, aunque poco, pero llueve al fin, es un encuentro extraño por que nadie esta acostumbrado a sostenerse las miradas, ni a estar tanto tiempo de frente, al menos así sucede en las grandes empresas cuando todos están concentrados en lograr lo mejor para el negocio.
Se recargo sobre un auto mientras el subdirector de la empresa trepaba por una reja. Ella se tapo la boca para contener la risa pero no podía disimular su asombro. El trepo por una reja y ahora estaba arriba de una barda, pidiendo la atención de los empleados. La primera venida de Cristo Corporativo. El, de verdad, extendió sus brazos y con una leve seña empezó con un saludo.
Queridos hermanos. Queridos empleados. Ante el panorama tan desalentador de este año hemos logrado salir adelante - se escuchan risas y su tono se vuelve mas serio- El que tenga oídos que escuche - los autos que circulan bajan los vidrios para intentar reconocer y se forma un tráfico involuntario similar cuando hay un choque y todos van mas despacio para ver el accidente- Vamos por mas clientes y mas ventas, feliz navidad y prospero año nuevo. En resumidísimas cuentas eso dijo.
Es que fue mas divertido observar las reacciones de la multitud, los autos que bajaban la ventana, los corredores de edad adulta que se detenían sin dejar de mover sus piernas y el gafete de sus compañeros, donde también coleccionan reconocimientos y fotos.
Pero fue Roberto con quien se acerco, que con una cinta para etiquetar de color negro con letras blancas tenía una pequeña nota a lado de su nombre, una nota que decía: Lenin. Y el que Roberto fuera una persona reservada y que sólo un para de veces habían intercambiado palabras no calmaba la curiosidad ni iba a evitar la inevitable pregunta. Como no la esperaba y como era de esperarse sus ojos saltaban de aquí a allá desde que la pregunta fue formulada hasta que respondió. Así se llama mi hijo, el pegó la cinta, pero he olvidado quitarla. A lo que no dudo en contestar: No la quites, se ve bien ahí. Lenin.
Para el alivio de todos, hasta de Roberto, el peligro había pasado, mas bien fue una falsa alarma. Entonces caminaron de regreso a la entrada, limpiaron sus zapatos en el tapete, obviaron el elevador y subieron por las escaleras. Poco a poco fueron llegando cada uno a su destino, con un techo amplio ocupando un espacio pequeño donde la mayoría, sino es que todos, lo han personalizado colocando algo, algo por mas sencillo que sea, que les hace recordar quienes son y de alguna manera por que están aquí.
Ella tiene cuatro figuras relevantes en su pared, escritores y compositores, de una manera minúscula están presentes para recordarle quien es y por que esta ahí. Un sobre que dice: We are lost in music y un calendario donde cada día relevante lo expresa con un máximo de cuatro palabras. Contadle a tu mamá, se lee en el segundo día de tal mes. Todo para que recordar con cariño un año que paso demasiado rápido.